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VASUA

Soy Diego.

VASUA nació conmigo, pero no de mí. 

He desarrollado toda mi carrera en la empresa familiar. Gracias a ella aprendí el valor del oficio y el respeto por los materiales. Pero sobre todo, entendí qué significa diseñar: escuchar la idea del cliente, darle forma, proporción y criterio, hasta convertirla en la mejor versión de sí misma.

Me gustan los muebles que mejoran la vida de las personas, y creo que el diseño alcanza su plenitud cuando logra que un objeto acabe ocupando un lugar en la historia personal de alguien.

La crisis me empuja a construir mis propios muebles, una de las experiencias más positivas que he vivido en el ámbito profesional. Porque fabricar cambia mi manera de diseñar para siempre. Desde ese momento, la belleza empieza en la proporción y acaba en el uso.

Diseño para que las cosas funcionen.
Construyo para entender por qué funcionan.

Porque un mueble ocupa espacio, tiempo y recursos en la vida de una persona. Por ello ha de aportar más de lo que exige.

 

 

Yo soy Lola.

Cuando Diego me enseñó el primer logo de VASUA, pensé: ¿y si también pudiera leerse al girarlo 180 grados?

El diseño estaba ahí, pero aquella idea acabó dándole un significado que iba más allá de la forma. Podíamos dar vueltas de campana, ponerlo todo patas arriba y cambiar de dirección, pero seguiríamos en pie.

Quizá por eso me gusta tanto. Porque, sin pretenderlo, acabó contando algo de nuestra propia historia.

Hoy me ocupo de la comunicación de VASUA, de su web y de cómo transmitimos lo que hacemos. De encontrar la manera de que las ideas lleguen a los demás sin perder aquello que las hace especiales.

Mi hermano piensa y diseña. Yo busco la manera de contarlo.

Y, a veces, para ver algo de otra manera, basta con darle la vuelta.

 

 

Yo soy Graciela.

Lo mío es el orden: las cuentas, las facturas, los documentos y todo lo que hay que resolver para que las cosas funcionen.

Mientras Diego juega a ser Don Quijote, yo procuro que los números cuadren, que los papeles estén en orden y que nada importante se quede por el camino.

Porque alguien debe ocuparse de que las cosas funcionen incluso cuando nadie está mirando. Al final, ocurre igual que con los muebles de VASUA: lo que no se ve importa tanto como lo que se ve.

Unos ven gigantes. Yo veo molinos.